facebook PROFELAND: YO NO ME SIENTO @...

YO NO ME SIENTO @...

Hoy me han mandado este chiste por email, y me parece divertido, aunque exagerado:


Sexismo en La Lengua

Esto me ha hecho pensar en algo que últimamente está ocurriéndole a la sociedad española: el grado de estupidez "sexista" al que estamos llegando, el desconocimiento infinito del funcionamiento de nuestra lengua por parte de una serie de políticos ignorantes y demagogos, y la tontería del uso de la "@" para indicar masculino y femenino. Me explicaré mejor...

Todos vosotros, sin duda alguna, habréis recibido, o incluso escrito, cosas como las siguientes:
"Querid@s profesor@s", "Un abrazo a tod@s", "L@s chic@s de la clase..."
¿Alguien me puede decir cómo se lee eso? (Queridarrobas profesorarrobas) ¿Alguna mujer se siente mal porque la metan dentro del correcto "Queridos profesores? ¿Alguien se ha puesto a pensar que el masculino es gramaticalmente el término no marcado, y que, por eso, engloba a los seres masculinos y femeninos? ¿Nadie se da cuenta de que la gilipollez nos está llevando a una mayor discriminación, separación y sexismo en la lengua?

Como dice D. Raúl Rivadeneira Prada, Director de la Academia Boliviana de la Lengua:

"El escaso tiempo de que disponemos no nos permite presentar todas las variaciones sobre este punto, sin embargo, vale la pena referirse a la costumbre que se está imponiendo de usar el símbolo de la arroba (@) para resaltar de manera explícita la alusión simultánea a los géneros masculino y femenino con una sola palabra. Esto se origina en la discutible tesis de que la referencia a ambos sexos, a través del género masculino (Los niños van a la escuela), es lingüísticamente discriminatoria. Por una parte, es innecesario y molesto redundar en cada frase con las alusiones: niños/niñas, chicos/chicas, alumnos/alumnas, trabajadores/trabajadoras, compañeros/compañeras, etc. Diferente es el caso de una referencia protocolar explícita a ambos géneros cuando saludamos al público con la expresión: "Señoras y señores"o "Damas y caballeros". A alguien se le ocurrió resolver el problema de la tediosa repetición introduciendo el mentado símbolo de la arroba como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que por su aspecto ese símbolo incluye, aparentemente, las vocales a y o. Pero, no es un signo lingüístico, es un elemento extraño al alfabeto y por ello no se lo puede admitir, desde un punto de vista normativo, aunque sus usuarios lo defiendan a rajatabla, pero con argumentaciones ideológicas ajenas y distantes del razonamiento lingüístico."

Esto, a su vez, está íntimamente relacionado con la nueva política lingüística del Gobierno y de la Administración (sin olvidar a muchos grupos feministas), según la cual tenemos que decir masculino y femenino en cada uno de nuestros escritos, discursos o conversaciones. Así, se oyen aberraciones como "estudiantes y estudiantas", "pilotos y pilotas", "miembros y miembras"(Aído...¿de dónde has salido?)... Id, por ejemplo, a la página de la Moncloa, donde pone en primer término "Ministros y Ministras", y veréis que este fenómeno está a la orden del día. Esto me hace estar de acuerdo con Carlo M. Cipolla, cuando en su libro "Allegro ma non troppo" afirma: “Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son.”

Pero quizás la persona más crítica con el tema es Arturo Pérez-Reverte, al que todos conocemos por el Capitán Alatriste, sus antiguos reportajes de guerra en la tele y su pasión por los viajes y el mar. Escribe cada semana en el especial de ABC (XLSemanal) un artículo de diferentes temas, siempre crítico, siempre puntilloso y siempre, según mi opinión, intentando demostrar esa estupidez sexista española actual de la que hablaba antes.
Hace ya algún tiempo publicó uno que me hizo reír durante un largo período. En él leemos lo siguiente:

"La última perla corresponde al flamante Estatuto andaluz. Después de consultar con la RAE la oportunidad de utilizar lo de «diputados y diputadas, senadores y senadoras, presidente y presidenta, aceituneros y aceituneras altivos y altivas» y todo eso, y recibir un detallado informe de por qué, además de una imbecilidad, es incorrecto e innecesario –el uso del masculino genérico no responde a discriminación ninguna, sino a la ley lingüística de la economía expresiva–, la comisión constitucional del Congreso de los Diputados y la delegación de parlamentarios andaluces han decidido, naturalmente, prescindir del dictamen académico, por no ajustarse éste al tonillo demagógico que le buscan a la cosa. Y ahí tienen a la Junta de Andalucía, impasible el ademán, dispuesta a cambiar una vez más, por su cuenta y por la cara, la lengua común que veinte siglos de cultura e historia han dado a quinientos millones de personas. Ele. Por la gloria de su madre. Y de su padre." (XLSemanal, número 1001)

Hace un par de semanas contaba, en "Chantaje en Vigo", que un amigo suyo puso un anuncio en el periódico, buscando un auditor para su empresa. El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales le escribió conminándolo a cambiar su peticitión por "Busco auditor o auditora". Al final, después de muchos dimes y diretes, el pobre amigo ha tenido que claudicar y, según Pérez-Reverte, su anuncio actual dice: «Auditor, auditora y auditoro con miembros y miembras». Termina el artículo con el divertidísimo párrafo que pongo a continuación:

"Esto es España, líder de Europa y pasmo de Occidente: el continuo disparate donde la razón vive indefensa y cualquier imbecilidad tiene su asiento. Como dice el pobre Manolo, «lo mismo voy a juicio, colega, me toca una juez feminista y encima me jode vivo». Intento consolarlo diciéndole que peor habría sido, en vez de auditor, necesitar otra cosa. Un albañil, por ejemplo. O albañila."

Como afirmó D. Gregorio Salvador, después de la barbaridad de la "Ministra" Aído: "Eso sólo se le puede ocurrir a una persona carente de conocimientos gramaticales, lingüísticos y de todo tipo. Además, en España no podemos decidir sobre una lengua que se habla en muchos países".
Y aquí tenéis el vídeo con el momento clave de la metedura de pata de Dña Bibiana, para que os carcajeéis un ratito, que es Navidad:





Según un libro del Instituto de la mujer, de la colección "En dos palabras", titulado "En femenino y en masculino", "cuando no se nombra a las mujeres se las oculta, se obvia lo que cada una es y el sentido que le da a su forma de ser mujer, lo que hace y el lugar que ocupa en el mundo. [...] Es necesario utilizar tanto los términos masculinos como femeninos, porque, pretender que se puede generalizar usando solo el género masculino, va en detrimento de la representación de lo femenino" ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!

Y después hay una historieta sobre lo malísimamente mal que se siente una pobrecita mujer, a quien "no incluyen" en los contratos, solicitudes etc., y vemos perlas como la siguiente:



Con todo lo anteriormente explicado, no quiero decir de ningún modo que siempre la norma tenga la razón, puesto que si así fuera, las lenguas estarían estancadas, con unas leyes inamovibles. Siempre he pensado que la lengua (la oral sobre todo), es como la plastilina, que se moldea, cambia de forma con el tiempo...pero siguiendo siempre una pauta: el ahorro, el camino más cómodo.
Esta política lingüística actual, además de ir contra la norma, con la diacronía y con el sentido común, también está bastante peleada con el ahorro. ¿Os imagináis un contrato de arrendamiento de un piso, por ejemplo, donde ponga "El arrendatario o arrendataria. El arrendador o arrendadora"...¡ufff! ¡Qué pereza!
En fin, queridos amigos o paseantes de Profeland. Espero que os toméis este escrito como lo que es: un divertimento y una divagación producida por las horas de asueto en estas vacaciones navideñas.
Pasadlo muy bien y que los Reyes Magos os traigan todo lo deseado.



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